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A la
letra del himno de España, si la dejamos, puede pasarle
como con las canciones de Giorgi Dann, que al final todo
el mundo delira con ellas, como si un virus informático
nos hubiera penetrado en el cerebro. No era dificultoso
pronosticar la reacción, en un reino donde decir España
es tan embarazoso como decir “perdón”, y donde el gentío
anda que se sube por las paredes por el aumento de
hipotecas, luz, gas y carburantes.
Aquí los únicos que corean himnos con pasión son los
militares, sin oponerse, con sentimiento y alzada la voz
y la barbilla. Al fin y al cabo, forma parte de su
esencia, de momento, porque de revisarse sus letras, en
este Estado laicista, van a quedar únicamente los
cánticos destinados al carnero de la legión, y al tojo
gallego.
Si sabrán de esto los militares, que el himno de España
es un toque militar conocido como “Marcha Granadera”,
que aparece recogido en 1761 en el “Libro de Ordenanza
de los toques militares de la Infantería Española”. Si
Pepino Blanco hubiera estudiado esto, o hubiera pasado
de primero de Derecho, o sospechase vagamente que está
regulado por un Real Decreto de la época Aznar, ahora no
estaríamos hablando de la letra de un himno, sino del
propio himno, para arrancarle cualquier connotación
guerrera, o derechil, que en esto consiste la mirada
positiva socialista, aunque ni el propio General Prim lo
consiguiera, y eso que hizo lo suyo para intentarlo.
El resbalón ha sido encomendárselo a la Sociedad General
de Autores, que están al corriente de cánones seglares,
de pulirnos unos euros por tal o cual periférico, y
entre tanta hambre recaudatoria han perdido el sentido
de la armonía. Si les hubieran demandado un reglamento
para recolectar por la compra del teléfono móvil, o de
un DVD, el mismísmo García Enterría hubiera temblado
ante tanta sapiencia jurídica.
¿Se imaginan a los líderes nacionalistas vascos o
catalanes, en los actos oficiales, entonando una canción
que se inicia con “Viva España…”? Debería ser lo normal,
pero a esta España le han hecho en los últimos años
tantos descosidos, que por ahí pierde su alma. Artur Mas
ya ha dicho ¡No!, aunque todos sepamos que su ¡Sí! se
arregla por vía presupuestaria ¿Y a los jugadores de la
selección española de fútbol? Menudo recibimiento les
esperaría en algunas de sus Comunidades Autónomas.
El ex Presidente González dice que le recuerda “a los
partes de los años 60”, que es a lo que nos recuerda él
cada vez que le vemos reaparecer en algún medio, aunque
diseñe bisutería, comprando en Tánger la plata y
haciéndole tres apaños con el Dremel entre conferencia y
conferencia, para venderla luego a las mozas del Barrio
de Salamanca por unos pocos miles de euros la tirada.
Llamazares pide que se dejen las cosas como están, sin
letra, que es lo que los comunistas conversos reclaman
para que todo se oxide y terminen las cosas como en la
antigua Unión Soviética, aunque por dentro suspire por
el Himno de Riego, que era lo que se escuchaba en los
años de la República, y que dicho sea de paso, tiene más
hondura, patriotismo y sentimiento que el invento del
que ahora nos ocupamos.
Pues eso, que la letra hay que devolverla a los
chiqueros, pues parece escrita por alguien que la haya
pensado esperando su turno en un karaoke, entre
canciones de Pastora Imperio, David Bustamante y la Niña
Pastori. Sigamos con el tachún, tachún, o encarguémosela
a alguien con más gusto musical, sin olvidar que más
oportuno es encomendar a alguien fórmulas para salir del
“corredor de la crisis económica” en la que acabamos de
ingresar. Y si no queda otra, no pasa nada por cantar
esta letra, que en peores nos hemos visto esta
legislatura.
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