Giorgi Dann y el Himno de España

por José Antonio Monago

 
 

A la letra del himno de España, si la dejamos, puede pasarle como con las canciones de Giorgi Dann, que al final todo el mundo delira con ellas, como si un virus informático nos hubiera penetrado en el cerebro. No era dificultoso pronosticar la reacción, en un reino donde decir España es tan embarazoso como decir “perdón”, y donde el gentío anda que se sube por las paredes por el aumento de hipotecas, luz, gas y carburantes.
Aquí los únicos que corean himnos con pasión son los militares, sin oponerse, con sentimiento y alzada la voz y la barbilla. Al fin y al cabo, forma parte de su esencia, de momento, porque de revisarse sus letras, en este Estado laicista, van a quedar únicamente los cánticos destinados al carnero de la legión, y al tojo gallego.
Si sabrán de esto los militares, que el himno de España es un toque militar conocido como “Marcha Granadera”, que aparece recogido en 1761 en el “Libro de Ordenanza de los toques militares de la Infantería Española”. Si Pepino Blanco hubiera estudiado esto, o hubiera pasado de primero de Derecho, o sospechase vagamente que está regulado por un Real Decreto de la época Aznar, ahora no estaríamos hablando de la letra de un himno, sino del propio himno, para arrancarle cualquier connotación guerrera, o derechil, que en esto consiste la mirada positiva socialista, aunque ni el propio General Prim lo consiguiera, y eso que hizo lo suyo para intentarlo.
El resbalón ha sido encomendárselo a la Sociedad General de Autores, que están al corriente de cánones seglares, de pulirnos unos euros por tal o cual periférico, y entre tanta hambre recaudatoria han perdido el sentido de la armonía. Si les hubieran demandado un reglamento para recolectar por la compra del teléfono móvil, o de un DVD, el mismísmo García Enterría hubiera temblado ante tanta sapiencia jurídica.
¿Se imaginan a los líderes nacionalistas vascos o catalanes, en los actos oficiales, entonando una canción que se inicia con “Viva España…”? Debería ser lo normal, pero a esta España le han hecho en los últimos años tantos descosidos, que por ahí pierde su alma. Artur Mas ya ha dicho ¡No!, aunque todos sepamos que su ¡Sí! se arregla por vía presupuestaria ¿Y a los jugadores de la selección española de fútbol? Menudo recibimiento les esperaría en algunas de sus Comunidades Autónomas.
El ex Presidente González dice que le recuerda “a los partes de los años 60”, que es a lo que nos recuerda él cada vez que le vemos reaparecer en algún medio, aunque diseñe bisutería, comprando en Tánger la plata y haciéndole tres apaños con el Dremel entre conferencia y conferencia, para venderla luego a las mozas del Barrio de Salamanca por unos pocos miles de euros la tirada. Llamazares pide que se dejen las cosas como están, sin letra, que es lo que los comunistas conversos reclaman para que todo se oxide y terminen las cosas como en la antigua Unión Soviética, aunque por dentro suspire por el Himno de Riego, que era lo que se escuchaba en los años de la República, y que dicho sea de paso, tiene más hondura, patriotismo y sentimiento que el invento del que ahora nos ocupamos.
Pues eso, que la letra hay que devolverla a los chiqueros, pues parece escrita por alguien que la haya pensado esperando su turno en un karaoke, entre canciones de Pastora Imperio, David Bustamante y la Niña Pastori. Sigamos con el tachún, tachún, o encarguémosela a alguien con más gusto musical, sin olvidar que más oportuno es encomendar a alguien fórmulas para salir del “corredor de la crisis económica” en la que acabamos de ingresar. Y si no queda otra, no pasa nada por cantar esta letra, que en peores nos hemos visto esta legislatura.

 

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