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Svetlana murió asesinada -presuntamente- por su ex
pareja. Cuatro jornadas antes de agotar la vida
desangrada por un tajo en el cuello, se encontraba en el
programa de televisión “El Diario de Patricia”, y allí,
por sorpresa, asomó su verdugo. Él le pidió una
oportunidad, y ella dijo no. La presentadora, Patricia
Gaztañaga, no contenta con la contestación, insistía e
insistía, para cerciorarse de que “no” es “no”, para
estirar un poco el programa, para seguir con la comedia
trágica de exhibir sentimientos ajenos como quien
desnuda a alguien por sorpresa en la plaza de cualquier
pueblo. Ella volvió a renovar su “no”, con la frialdad
de la estepa rusa, de donde provenía. Él gimoteaba para
sus adentros, y los ojos azules de Svetlana huían de su
pareja, y para su alma almacenaba los malos tratos, la
orden de alejamiento que pesaba sobre él, los 11 meses
de condena.
La moderadora dijo “¿no o de momento no?”, y aquí
estamos con una víctima más de violencia de género. La
sordera del programa ha costado caro.
Si un país se mide por el nivel de su televisión, este
país está muy enfermo. Si el programa interesa en
antena, es que hay mucha miseria moral. Si la
presentadora, los guionistas y responsables del programa
tuvieran vergüenza, abandonarían hurgar en los
sentimientos como deporte lucrativo, con una herida
penetrante en sus conciencias para toda la vida. Han
fustigado a la bestia, la han puesta en tela de juicio
ante millones de televidentes, y ahora hay un niño de 2
años que pasará a manos de la Generalitat Valenciana,
sin derecho a madre.
No se pueden emitir programas con tanta miseria moral, y
que aquí no pase nada a responsables que hacen el indio
con graves consecuencias. Ver un programa con semejante
currículum, es síntoma de padecer un cáncer de decencia,
y la mejor quimioterapia es cambiar de programa, o
apagar la televisión ante tanta mierda... |