Si
con la obra “La máquina del tiempo”, el literato
británico, Herbert George Wells nos lanzó hasta el
año 802.701, el sábado pasado, de una tacada, un
puñado de viejos amigos, retrocedimos treinta años.
Nos convocaron a un partido de balonmano en el
Pabellón Juancho Pérez de Badajoz, veteranos plus
frente a veteranos, o lo que es lo mismo, los que
superamos la barrera de los cuarenta frente a los
que la flanquean desde la cercanía de los treinta.
Nunca creí en máquinas del tiempo, pero mientras se
desarrollaba el duelo, les juro que reviví mis
primeros años, en compañía de jóvenes que amábamos
el deporte, y que recorrimos la región, y media
España, sin más aspiración que la de pasar un rato
agradable.
Gracias a los que tuvieron la feliz idea, porque no
es fácil convertirse en aviadores que vuelan para
capturar el pasado.