La Iglesia como diana

por Antonio Quintana Guerrero

 
 

Solo desde la libertad de expresión puede explicarse la chulería de los proetarras manifestando un día si y otro también su independentismo, o los dislates de la caverna nacionalista, o las infamias vertidas contra las victimas del terrorismo y el Foro de Ermua. Aunque al gobierno de España y corifeo mediático les ha faltado tiempo para cargar contra la libertad de expresión de la Iglesia Católica.

De un tiempo a esta parte el gobierno del PSOE ha ido acuñando la frase "la manifestación de los obispos, la emisora de los obispos, o como dicen los cardenales" y otras lindezas de similar talante que vienen a demostrar el discurso de un gobierno sin ninguna sensibilidad con una parte de los ciudadanos que a veces es muy numerosa. Y por ello nos preguntamos ¿Es este el gobierno que España merece? Cuando no cumple con su papel de garante al derecho fundamental que incluye el respeto a la libertad de expresión de los católicos.

Si como dijo Zapatero: "Necesitamos promover la convivencia pacífica y ésta sólo existe donde hay interés por entender el punto de vista del otro y respeto hacia lo que para ese otro es sagrado". En un artículo "Un llamamiento al respeto mutuo y a la calma" publicado en el Herald Tribune" con motivo de la Alianza de Civilizaciones. ¿Por qué atiza a católicos apostólicos y romanos? Y para mas añadidura meten el dedo en el ojo con uña afilada y si alguien se atreve a protestar te acusan de crispar.

Si hay algo cierto en todo esto es que la Iglesia Católica siempre ha mantenido, su verbo su doctrina y dogmas, lo tomas o lo dejas así de simple. Cuestión a la que habrá que sumar el derecho a la libre expresión, sin imposiciones, porque ese derecho es de todos incluida la Iglesia Católica y no solo el de algunos. Precisamente así cobran sentido las declaraciones de Jesús Murgui obispo de Palma de Mallorca: "Yo no digo que los demás quieran el mal para la sociedad, lo que sí digo es que nosotros queremos el bien y lo ofrecemos sin imponer".

Y por ello habría que preguntarle al locuaz Don José Blanco si le dice algo la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se protege el derecho de las personas a manifestar su religión o creencia, de forma individual o colectiva, pública o privada y donde nada se dice que este derecho incluye el ser molestado a causa de sus opiniones, ni existe en dicha Declaración referencia alguna al supuesto "derecho" a ofender. Y nada se indica que la libertad de expresión llegue al extremo de proferir expresiones injuriosas a otras personas o sus creencias religiosas. Por el contrario, se reconoce que nadie puede ser molestado a causa de sus opiniones.

 

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