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Nos pide José Luís
Fernández, el director del E al D, que opinemos sobre el
discurso de fin de año de Vara y, disciplinado que es
uno, me pongo a la tarea. Confieso que aunque lo he
leído, no lo ví/oí en televisión y se me escapan
aspectos escénicos que siempre resulta delatores del
personaje que habla. Por tanto, me ciño exclusivamente
en el fondo del primer discurso/felicitación del recién
estrenado Pte. de la Junta de Extremadura. ¿Mi opinión
rápida? Bien.
Leyéndolo me han venido a la memoria los conocidos
"cantos de sirena": mucho aleteo, mucha cabriola, mucha
acrobacia verbal, mucho buenismo, mucha música celestial
y nada por aquí y nada por allá. Si algo tenemos que
agradecerle a GFV es lo mismo que tenemos que
reprocharle: No pierde la compostura pero tampoco se
adentra en profundidades, aunque es cierto que ahora se
trataba de una salutación navideña y ya llegarán otras
ocasiones y debates para calibrar su realismo y
capacidad de autocrítica.
Surge inevitable, claro,
la comparación con su predecesor. Ibarra era un ruido
vacío, el descompromiso respecto a lo que se comprometía
y la arrogancia escénica de los que están de vuelta de
todo y van sobrados por la vida. Ibarra no tenia duda
alguna y machacaba cada palabra y cada frase con la
seguridad de un pívot de la NBA, aunque en el fondo ni
driblaba, ni tenía balón ni encontraba aro alguno. Se
escondía detrás de las gafas y se envolvía en la barba
pontifical para dar solemnidad a cualquier parida. GFV
no se arrima, pero tiene la precaución de no ir de
redentor ni de divo de opereta y la decencia torera de
no mancharse la taleguilla a toro pasado. Expone
poco/nada, pero no va de salva patria ni pretende
engañar al personal. Su discurso puede resultar
simplista, porque eso de llamarnos a todos a la tarea
común ya lo registró López Bravo, el que fuera ministro
de Industria con Franco, cuando popularizó aquel "Vamos
a pensar juntos".
O sea, que bien, que ha
presentado una cara limpia y que en su primer encuentro
no ha dejado malas sensaciones. Lo que ha hecho ha sido
felicitarnos y desearnos lo mejor para el 2008, aunque
haya caído en la catetura empalagosa de olvidar el
genérico, apostando por el latiguillo del "todos-todas",
-"vascos y vascas"- que están imponiendo los
separatistas vascos.
Pues bueno, que él tenga
también suerte, en lo privado y en lo público, y que
podamos verlo, saborearlo y reconocerlo. Yo sigo
alargándole mi personal voto de confianza. |