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Decía mi abuela que el concepto de navidad desaparece
cuando desaparecen los padres y así fue en mi caso. Al
fallecer mi padre, que era el clavo del abanico
familiar, cada una de las varillas siguió su rumbo y la
navidad ya no volvió a ser la Navidad. Hasta entonces
nadie se había planteado la posibilidad de poder faltar
al encuentro, pero enseguida llegaron los razonamientos,
los impedimentos y la necesidad de atender otros frentes
familiares. Hoy veo la navidad como algo inevitable que,
además, debo sostener y alimentar porque son mis hijos
los que disfrutan de la Navidad. Son ellos los que hacen
que la cita sea de obligado cumplimiento, son ellos los
que acuden al redil y son ellos los que aferrados al
clavo del abanico, mantienen la tradición y siembran
cada rincón de la casa con la semilla de la Navidad.
Viéndolo así, uno encuentra sentido a esta carrera de
relevos, en la que los hijos toman el testigo de los
padres, mientras que los padres retenemos en la retina
la Navidad que se nos fue con nuestros padres. Mañana,
cuando faltemos, serán mis hijos los que sostengan la
tradición, porque sus hijos llegarán empujando, pero ya
nada será igual para ellos, como no lo fue para mis
abuelos, para mis padres y para nosotros, porque a fin
de cuentas, las Navidad es estar con los que se quiere y
someterlo todo a la prioridad de unos días de
convivencia que en el resto del año se hacen imposible.
¿Qué es la Navidad? Si preguntáramos tendríamos muchas
respuestas, porque para unos supone una efemérides
religiosa, para otros una celebración pagana y para la
mayoría es una oportunidad de volver y pisar de nuevo el
umbral de la casa paterna. Pero compensa, aunque solo
sea para tomar un respiro y hacer examen de conciencia,
un alto en el camino se hace necesario después de once
meses. Aunque los buenos propósitos se los lleven los
vientos de enero, es bueno pararse y respirar.
Y UN ACUSE DE RECIBO
Aunque no responda, porque no tengo nada que responder,
he leído con atención el artículo que Félíx Pinero me ha
dedicado en la Opinión Extremadura al Dia, pero le dejo
como reflexión una interrogante para que la despeje
estas navidades: ¿Por qué estás tan agradecido a
Rodriguez Ibarra y qué es lo que te impulsa a, una y
otra vez, escribir lo que escribes?. Un abrazo, sin
acritud. |